jueves, 7 de febrero de 2013

Tengo vida (Parte 7)

Viviana ha estado hablando de sus clases, a contar de la semana que viene tiene que volver a clases y yo sigo con orden de reposo relativo, me pregunto qué voy a hacer cuando no esté. Mi jefe volverá después de un mes de vacaciones y yo con licencia… que más puede andar mal… 


Sus ojos, su boca, sus manos… ¿En qué estaba pensando cuando se me ocurrió que lo mejor era recordar?, debería olvidar… Sus ojos, sus voz, sus manos… Sus boca… Debería olvidarlo todo, pero la verdad es que no puedo, esta historia me está superando, creo que voy a tratar de leer algo. 



Ha pasado casi un mes, no tengo idea como me enrede con este vampiro para hacer que mis días sean una extraña añoranza de él, quiero tenerlo a mi lado y… Y… Y no puedo ser su amiga, esta noche se lo diré todo y dejaré de hacerme falsas expectativas con él, le diré que no regrese, tal vez revoque su invitación, después de todo no tenemos nada y él no quiere nada más que ser mi amigo… ¿O no?


La tarde parecía no acabar nunca, estaba anocheciendo cuando entro a mi pieza, pero esta vez yo no quería verlo… ¿O si?… pero no quería decirle lo que había decidido, habría preferido hablarlo por teléfono, porque no lo llamé para decirle que no viniera otra vez, lo había estado evitando esta última semana… Se acercó a mi cama y se sentó a mi lado, por saludo me dijo:


“Te extrañe las últimas noches”

“De qué modo me extrañaste?” pregunté mordiéndome la lengua, y preguntándome para qué me hago esto… Supongo que de masoquista, él sólo quiere ser mi amigo… ¡Asume!... Me recosté y suspire sin darme cuenta mientras lo miraba.

“Extrañe estar contigo.”


‘¿Mis manos… mis ojos… mis palabras?’ Pensé y antes de que pudiera decir algo, él se acercó a mí.


“Tu boca… Está más roja hoy…”


No tenía espejo y no me había maquillado, así que no tenía ni idea de que estaba diciendo, pero cuando sus dedos pasaron sobre mis labios, me habría abalanzado sobre él… si no fuera porque no puedo, me dolería demasiado la pierna para hacer un movimiento así, estaría ya besándolo. Quise decirle algo, pero terminé cerrando los ojos y deseando que fueran sus labios… dejo su mano en mi mejilla y sonrió cuando abrí los ojos, me pregunté si él podía sentir mis cambios, si podía percibir que deseaba besarlo. 

Sostuve su mirada mientras que intentaba dejar de pensar en su boca. ‘¿De qué me sirve esto?’, volvía a preguntarme y cuando él retrocedió dejado mis mejillas libres, estoy haciéndome más difíciles las cosas, como voy a decirle lo que pensaba decirle ahora, suspire otra vez.


“Julián, tengo que decirte algo… pero en realidad no sé cómo te lo vas a tomar… y bueno he estado pensando… ya sabes durante el día… he estado pensando en ti y…”

Me estaba escuchando y cerró los ojos, ¿Para que los cerraría?... con sus ojos cerrados, se veía tan vulnerable, podría besarlo…

Me apoyé en mi brazo bueno y llegué hasta su boca, le di el beso y cuando iba a retroceder porque no respondía, lo sentí responder… Sus movimientos lentos, pausados, como esperando, provocaban tantas reacciones en mí, que me sentí flotar, rodee su cuello, el rodeo mi cintura, me acerque un poco más con los ojos cerrados tratando de hacerlo sentir lo que sentía, pero es que no habría imaginado jamás en la vida que podría tener tantas sensaciones con él.

De pronto retrocedió, corrió un mechón de mi pelo y sonrió, yo sólo quería seguir besándolo, pero él tenía que decir algo y yo no quería escucharlo… 


“Que vas a decir?”- pregunté finalmente.

“Debo irme, esta vez estaré fuera más tiempo y quisiera saber si cuando regrese ¿puedo volver a verte?”

“¿A dónde irás?...”


No respondió. Bien si él no quiere decir lo que va a hacer que me diga que quiere de mí… 


“¿Para qué quieres volver a verme?”


Sus ojos se encendieron y se acercó a mí… podía escuchar mis latidos acelerados, pero él no dijo nada, solo sostenía mi mirada y de pronto sentí una manos en mi cintura y la otra en mi cabeza, me levanto de la cama y se tendió junto a mí sosteniéndome, como si estuvieramos recostado juntos en mí en la cama, pero estábamos en el aire a unos veinte centímetros de la cama. 


Me moví un poco asustada, la verdad me daba miedo caerme, el dolor de un golpe en mi pierna sería para pegar un grito y despertar a Viviana, pero Julián no hizo nada, se quedó mirándome y me pregunto.


“Estarías más cómoda si estuvieras sobre mí?…”


‘¿Sobre ti?’… Sobre él… La verdad es que si, así que asentí con miedo a hablar para que no se rompiera el efecto de estar ‘flotando’, estábamos frente a frente, yo apoyada en su cuerpo firme como mármol, con los ojos puestos en sus ojos. 


“Quiero conocerte más.”- dijo finalmente.

“Que tengo de especial, acaso no conoces ya a la mujer, que fue atropellada en medio de la calle, que tiene que estar en cama casi dos meses para poder volver a caminar y que solo vez a ratos en la noche... qué quieres conocer, ya sabes todo sobre mi?, lo lamento, mi vida no es emocionante o exótica, soy solo una mujer.”

“Mucho… la verdad las humanas, tienen un punto de tolerancia a nuestra existencia de uno o dos días… ya llevamos casi un mes viéndonos, la gran mayoría sienten una atracción hacia nosotros con solo vernos, a ti no te pasa eso con migo y me intriga, además te estás enamorando de mi -dijo dejándome reaccionar-… y yo estoy cada vez más atraído hacia ti, si no fuera porque tengo que partir, haría los arreglos para poder dormir en tu casa y estar todos el mayor tiempo en tu compañía…”


Su voz era tan firme, tan sincera, y su explicación tan simple, que me desarmó. 


No podía reclamarle, no podía decirle que no, quería fundirme en sus brazos ya mismo, cerré los ojos y me acerque a su boca, sentí sus manos recorrer mi espalda suavemente mientras que me besaba, pese a lo frío de sus manos yo sentía calor, y me percaté que su boca no era fría, era sólo un poco más fría que la mía, podía percibir sus lengua con claridad y sus labios, cada movimiento de sus labios sobre los míos.


Lo besé sin pensar en nada, me besó con cariño, con dulzura y cuando estaba quedándome dormida en sus brazos soñando con otra cosas, comenzó a besarme con pasión y me despertó totalmente, sus manos firmes y fuertes encendiendo mis puntos débiles, sus ojos apretados, como resistiéndose algo… un suspiro, otro suspiro ahogado y un golpe de corriente eléctrica me recorrió el cuerpo, ‘¿qué rayos es eso?’ pensé, sintiendo otro impulso igual subir por mi espalda.


Me alejé de él y le pedí me dejara en la cama, tenía que serenarme, estaba muy agitada y lo que más me había dicho el médico era que debía descansar, respiré hondo y luego logre mirarlo a la cara, aun ruborizada y sintiéndome más tranquila. 


¿Estoy empezando a enamorarme?, ¿Yo?... ¿De quién? ¿Cómo es que no lo sabía?, ¿O en realidad como es que no me había dado cuenta antes?… 


“¿Qué quieres decir con que te estoy empezando a atraer, ¿Los vampiros pueden amar?”

“De todas las preguntas que tienes, ¿por qué decides realizar esta? -Julián me miró y esperó a que dijera algo, cosa que no hice- Si, podemos amar y podemos sufrir también, podemos estar alegres, poder estar tristes, con el tiempo aprendemos a controlar las emociones y a reaccionar más calmadamente a ellas, pero hay cosas que no podemos evitar como interesarnos en alguien…”


Julián parecía sopesar sus palabras, controlar sus emociones y medir todas mis respuestas, aunque no fueran más que cambios fugaces en mi rostro, él parecía estar anotando mentalmente todos mis cambios. 


“¿Puedo pedirte algo?… ¿Puedes quedarte conmigo hasta el amanecer?”


Julián me miro y se recostó junto a mí, comenzó a acariciar mi pelo y de pronto noté que podía ver sus movimientos con destellos de color, estaba a mi lado, mirando mi pelo y jugando con el cuándo sentí como si algo se rompiera en mi pecho, la cara de Julián era de alguien preocupado… El dolor agudo me hizo doblarme en dos, el dolor agudo me hizo gritar, el movimiento en la habitación de al lado delataba a Viviana despertándose, un segundo y agudo dolor en el pecho me hizo volver a gritar… Viviana entró corriendo y me miraba sin saber que pasaba, marcó un número en el celular y gritó algo alguien, yo apenas podía respirar, no lograr entender qué decía, pero fuera lo que fuera no era bueno y me desvanecí.


martes, 5 de febrero de 2013

Tengo Vida (Parte 6)

Viviana salió esa tarde al supermercado, llevaba una lista que le había elaborado, porque con todo mi hermana aún no tiene idea de cómo llevar una casa, le había pasado mi tarjeta para pagar y el carro de compras, ya saben ese que es un bolso sobre una estructura metálica con rueditas que ayuda a traer las cosa más fácilmente. Demoró en volver, así que pude dormir sin sobresaltos durante la tarde casi tres horas y cuando volvió aunque estaba despierta y le pedí que me llevara al baño, había comprado un jarro de un litro, puso una silla cerca del lavamanos y me ayudo a lavarme el pelo… Creo que fue la sensación más agradable del mundo tener mi pelo limpio, tanto como cuando me ayudó a lavarme por partes sin mojar la pierna que trataba de tener por fuera de la tina de baño envuelta en una bolsa de plástico, mojamos parte del baño, pero de verdad necesitaba sentirme bañada.


Cuando volví a la pieza, Vivi había cambiado sabanas, abierto las ventanas y echado desodorante ambiental, según sus palabras “Para mejorar el ambiente”. 


Me senté en el sillón mientras veía como mi hermana barría un poco y ordenaba las cosas, dejando el control remoto junto al velador y cambiando las almohadas por unas que había comprado esa tarde, me dijo algo sobre llevarlas en la lavadora pero francamente, yo no tenía cómo llegar hasta la lavadora y ponerme a explicarle cómo usarla. 


Al terminar el día mis padres fueron a cenar con nosotras, mamá estaba contenta y papá tenía anécdotas divertidas de la oficina porque lo habían reconocido en la televisión. Vivi le pidió a mi mamá ayuda con la lavadora y ella le enseñó todo de cómo usarla, cuando estuve a solas con papá en mi habitación, me preguntó por Julián… No supe qué decirle, la verdad no era algo fácil, mentirle no era lo que quería y finalmente le dije algo que no era ni verdad ni mentira. 


“Hemos hablado todas las noches, él está pendiente de que yo esté bien”


Papá pareció creerme así que no añadí nada, para no olvidarme de la mentira a medias que le había dicho. Se fueron cerca de dos horas más tarde y estaban felices, creo que no me equivoco cuando digo que más tranquilos también. Estaba dormida profundamente y no sentí a Julián, él no quiso despertarme en la noche, pero al rayar el alba me susurro al oído, “despierta dormilona…” y casi llego al techo del susto.


Julián rió de buena gana y luego me preguntó si estaba soñando algo agradable, del susto lo había olvidado… “Él ríe mucho”, pensé mientras me sentaba en la cama.


“Ayer me lanzaste un beso y lo sentí… como lo hiciste?”


Él me miró con cara de desconcierto, y me repitió que las leyes de la física no se aplican para los vampiros… No sabía cómo formular la pregunta y preferí hacerle una pregunta que tenía hacía mucho tiempo en la cabeza.


“Eres un vampiro casado?”


Mirando al cielo, era el  principio del amanecer respondió.


“No, no soy casado, aunque ella siempre me quiso casar.”


Se acercó a la ventana y supe que se iría pronto, así que le sonreí y le dije adiós, dos segundo después ya no estaba. 


Ella… ¿Quién sería esa ‘ella’?

Tengo vida (Parte 5)

Las manos fría de Julián me despertaron, él estaba hincado frente a mi cama, eran cerca de las diez treinta y hacía varios días que no lo había visto. Parpadeé lentamente y lo miré como si mirara a una aparición, sonreía alegre y sus ojos se veían de un color claro como verdes, no recordaba que tuviera ojos verdes… lo tenía tan cerca que podía ver sus rasgos y sonreí adormilada mientras lo saludaba. Se quedó cerca de mí, como si esperara algún comentario, pero la verdad es que no sabía qué decirle.


De repente se quedó inmóvil y escuche a mi hermana ir al baño, luego recuperó su movilidad y sonrió. Mi amigo vampiro parecía divertido y no decía nada, así que me incorporé como pude, esperando que dijera algo, finalmente sólo dijo: 

“Este es mi color real de ojos, sólo se ven así cuando estoy satisfecho…”


Un escalofrío me recorrió el cuerpo.


“¡Satisfecho!” dije intentando ahogar un grito… 


Pero él no se inmuto. Es que es un vampiro bebe sangre y prácticamente no come ningún alimento… Pero no tenía olor a sangre en la boca… Mientras retrocedía y me miraba con un poco de burla, sacó de detrás de sus manos una fruta.

“Hoy comí cosas orgánicas nada más, hace tiempo que no probaba las peras y debo admitir que al segundo bocado ya estaba satisfecho, pero intente otro más y vi mis ojos cambiar de color, así que vine a mostrártelos, es para que veas que no soy un monstro.”


Me sentí completamente avergonzada, lo cierto es que creía que se había bebido dos vacas o algo así… Pero bueno, tenía la pera mascada en sus manos, había que darle crédito. 


“Dónde estabas?”- pregunté intrigada… 


Y me contó que había ido al norte, paseo con un par de amigos y que había regresado ayer, pero era de madrugada así que no quiso molestarme, después de contarme cosas que no tenía ni idea como que a él si le gustaba la noche o que los atardeceres nos les hacían nada, así que si había visto más de un atardecer pero ninguna amanecer, me pregunté qué otras casas serían mito y cuáles serían verdad.


Julián río con mis preguntas y me contó anécdotas bastante simpáticas, él tenía amigos a los que visitaba cada cierto tiempo, había una especie de fraternidad y se reunían cada cierto tiempo, recopilaban experiencias respecto de los nuevos tiempo y se ponían al día, habían varios casados, o algo así y los que se habían separado o terminado sus relaciones igual asistían porque al final estas reuniones les permitía saber cómo sobrevivir en este nuevo mundo, que francamente era cada vez más difícil de burlar.


“Alguno de ellos es amigo de un mortal?”- pregunté intrigada…


Ninguno y la verdad es que no porque no quisieran, sino porque no creía en la amistad, se sabía de demasiados casos que había terminado muy mal, suicidios, intentos de asesinato y casos que terminaban en el psiquiátrico, nadie creería que era amiga de un vampiro… O amante… Los vampiros no existen, para el mundo real. En ese minuto me dio una punzada en el estómago, que pasaría más adelante, seguiría siendo amiga de un vampiro o dejaría de verlo del todo. 

Julián miró la hora en su reloj, faltaba poco para el amanecer y me miró con expresión de tristeza, tenía que partir. 


“¿A dónde vas cuando amanece?”


Él sonrió y no dijo nada, esa era una de las pocas preguntas que nunca respondería.

La mirada de alegría en los ojos de Julián cuando me vio preocupado por el amanecer, me llamó la atención, ¿acaso uno no se preocupa porque sus amigos lleguen bien a la casa?… ¿O es que en su época eso no se hacía?... ¿o es que no está acostumbrado a que uno se preocupe por él?


Fuere lo que fuere, Julián salió de mi habitación sonriendo y me lanzó un beso, que cayó en mi mejilla y me hizo cosquillas… Un momento, nadie había dicho que ellos pudieran lanzar un beso, esto es raro…


Cuando Viviana llego a mi habitación una media hora más tarde, no tenía ganas de explicarle porque estaba despierta o porque tenía la mirada perdida en la ventana, sólo aguardé que me contara el itinerario del día, después de todo mi hermana llevaba la apretada agenda de mis actividades diarias y no había manera de explicarle que a mis treinta años, no me gusta que me dirijan la vida, mucho menos que me organicen el día. 

“Hoy te puedes levantar, procura no caminar mucho, trata de acordarte que después de un mes en cama los músculos están flojitos y es probable que te duelan los muslos o la espalda, debes pararte sobre el bastón y tratar de mantenerte en pie, ya iremos lentamente recuperando el ritmo de trabajo de tus piernas hasta que puedas moverte por todos lados sola, pero para eso falta… Ahora levantarte…Bien, bien…”


Si no tuviera tanto sueño, habría estado gritando de alegría. 


“¿Qué quieres hacer primero?”

“Ir al baño”- dije sin pensar.


La kinesióloga me contó, que casi todo el mundo pedía lo mismo, parece que uno de los modos de autocuidado más básico es poder ir al baño y obviamente usarlo. Camine con los bastones y llegué sin problemas, lo complicado fue sentarme en la taza del baño, primero porque no lograba bajarme la ropa y tuvo que ayudarme mi hermana, después porque no lograba levantarme, el movimiento mecánico me hizo doler los muslos de tal modo que casi grito. De vuelta en la cama, estaba agotada, como si hubiera subido treinta pisos a pie, la kinesióloga pidió que hiciera más ejercicios y luego de dos horas de terapia se fue dejándome los músculos más relajados pero igual de cansada.



tengo vida (parte 4)

Salir del caos, entrar al mundo real... veamos que pasara


No es claro como termine aceptando que Viviana se quedara en mi casa cuidando de mí, pero sí es claro que mi adorable hermana, estaba dispuesta a hacerme la vida más fácil aunque se tuviera que imponer sobre mis decisiones. 


Julián llegó a mi casa la primera noche y esperó fuera de mi ventana que estaba abierta hasta que lo invité a pasar… 


“¿Es cierto que no puedes entrar si no te doy invito?”


Julián rió de buena gana, luego me explicó que si bien podía ir y venir por todos lados, existían casa en que no podía entrar, generalmente eran lugares donde los dueños de casa tenían un sentimiento muy grande de propiedad, cariño o vínculo con el lugar y no tenían como entrar a menos que los dueños lo invitaran, pero en la actualidad casi nadie tenía ese tipo de sentimientos hacia las propiedades así que le era fácil entrar a cualquier edificio o casa. 


“¿Y porque esperaste fuera de la ventana?”


Su mirada se quedó en la mía sin decir nada, estaba sentado en un sillón que tengo al lado de la cama, lo puse allí cuando me di cuenta que no me gustaba eso de ver tele en la cama, así que está frente a la televisión, luego de un rato me dijo algo así como:

“Porque tu si tienes ese sentido de propiedad, no pude entrar y eso quiere decir que podrías revocar mi ingreso a tu casa…”


Por una parte me sentí más tranquila, por otra miré a mi alrededor y no la verdad es que este departamento es rentado, nunca lo he sentido mío, si lo considero mi casa y si, es muy importante… Pero cumplir con el requisito de Julián… De pronto entendí que me miró durante largo rato sopesando cómo reaccionaría a lo que decía y decidió decirme una verdad… O una mentira a medias… Si se puede revocar la entrada de un vampiro, aunque no se tenga el sentido de propiedad inicial y una vez revocada sólo la persona que revocaba la invitación podría otorgarla nuevamente, pero de esto me enteraría mucho después.


La noche siguiente me quedé dormida antes de medianoche, cuando Viviana supo que no despertaba en las mañanas porque me desvelaba, le preguntó al médico y este receto unas pastillas para dormir que ella se encargó de darme sin aceptar mis reclamos al respecto, insisto en que a veces mi hermana se impone… Así que mientras dormía producto del remedio no me enteré que Julián se acostaba a mi lado y me hacía cariño en el pelo, peinando mi cabello a un lado y dejándome como si fuera a sacarme una foto… 


Al cabo de cinco noches ya había vuelto a mi rutina normal y me quedaba dormida a las doce a más tardar y Julián se había acostumbrado a tenerme sólo tres o cuatro horas despierta, a veces me preguntaba qué hacía en mi casa mientras yo dormía y mi hermana dormía en la pieza de al lado, pero no me preocupaba. 


La kinesióloga iba día por medio a verme y había decidido sacarme la bota de yeso, mi hermana me había ayudado a bañarme y estaba descansando preguntándome si alcanzaba a ordenarme el pelo, cuando Julián entró por la ventana.

 

“Como es que puedes volar?”

“No vuelo realmente solo me suspendo en el aire…”


Después de echarme a reír, me explicó que las leyes de la física no se aplicaban a los vampiros como a los humanos, primero podía suspenderse en el aire como si estuvieran nadando en el agua, luego podría tomar objetos pesados, porque al igual que una persona que anda, para ellos las cosas eran más livianas y diciendo esto se puso a nadar en mi pieza… Fue una de las imágenes más extrañas que he visto, un vampiro nadando literalmente en mi pieza. 


Después hablamos de su dieta alimenticia, me explico que a él si le gustaba comer, pero no lo hacía a menudo, para él los sabores de los alimentos eran demasiado intensos, así que con un bocado quedaba satisfecho y que la sangre humana era más fácil de comer porque para todo efecto práctico lleva las vitaminas y nutrientes que el necesita para vivir, pero que no siempre podía conseguir sangre de buena calidad, los humanos habían cambiado mucho su dieta alimenticia y no se había topado con amigos vampiros con anemia, o con problemas por falta de vitaminas o minerales y que la grasa que para ellos sirve para saciar más rápido su sed, había comenzado a ser difícil de encontrar, así que en el último tiempo prefería alimentarse de vacas y cerdos antes de consumir sangre humana.


“Pero… Cuánta sangre necesitas para saciarte?…”


La pregunta era extraña y Julián me miró sin responder, como se me estaban cerrando los ojos, no pude escuchar su respuesta, pero creo que dijo algo como tres litros… Y yo que creía que tenían que secar a una persona para quedar saciados… A la mañana siguiente un ramo de flores adornaba la tele y una nota que decía: “Te veré en unos días, Julián.” 


Viviana me preguntó quién era y le respondí que era mi jefe.


Tengo vida (parte 3)


Cero Barón

La mañana de visitas y familiares me agotó, no tenía ánimo ni de ir al baño. La tarde fue más tranquila con mi hermana que trato de entender que había pasado, se sentía responsable porque no había llegado a verme o porque no estuvo conmigo después de la primera operación, mis padres llegaron esa tarde con la noticia de que habían identificado al conductor, se estaban haciendo las pericias para ver si la abolladura del auto coincidía. 


No pude sonreír, la verdad no quise hacerme falsas expectativas. Para el final del día estaba tan cansada como si hubiera corrido una maratón, la doctora pasó a verme pero me estaba quedando dormida, mi hermana se quedaría eso noche conmigo, su sentimiento de culpa había pasado a ser de responsabilidad y dado que mi madre no se encontraba bien, por varios factores externos a mi accidente, ella se había declarado mi nuevo guardián de sueño. 


A última hora de la tarde había llegado un ramo de flores, pero la verdad es que lo vi al día siguiente, la tarjeta tenía un verso de Pablo Neruda que no conocía y al reverso decía Julián y su celular, volví a tener la impresión de que estaba dolido conmigo, pero no pude entender porque yo sabría eso, o que podría hacer para compensarlo. Viviana, mi hermana, estaba despierta junto a mí en la cama del lado, me leyó otras tarjetas y revisó un par de regalos que me habían llegado, prendí la tele pero la verdad no debí haberlo hecho.

“En el caso del atropello a joven porteña en Cerro Barón, la policía baraja dos teorías…” en un extremo mi foto llorando sobre mi cama del hospital y en el otro la mujer hablaba de mí como si me conociera de toda la vida. Una rabia me invadió, ¡¿que se creen estos tipos de la tele?!, ¿Por qué hablan de mí así?, de mi accidente y sin mi permiso… pero no dije nada, solo lloré. 


Viviana me llevo pañuelos y apago la tele. Trato de explicarme que siempre había sido así y que esta vez me afectaba porque era yo de quien hablaban, que no me preocupara. Menos mal que llevo una vida tranquila, a la hora que no ya veía yo que todos mis amigos y pololos, habrían aparecido en la TV dando testimonio de la pena y la impotencia, porque pobrecita yo, había sido atropellada… “Pobrecita”… Me carga ese calificativo… Pobrecita…


Cuando Viviana fue a almorzar, tomé el teléfono y llamé a Julián, pero no respondió, en su lugar una grabadora decía, “Sí es importante deja tu mensaje”… 


“Creo que es importante…” -comencé diciéndole, luego le di las gracias por cuidarme en el hospital y le pedía que si podía me fuera a ver esa tarde. Pero no llegó en la tarde, llegó cuando ya estaba oscuro y mi hermana dormía junto a mi cama, agotada porque se había levantado a las seis de la mañana conmigo.


Lo miré tras su ramo de flores y le sonreí, esta era la primera vez que lo miraba a los ojos sin sentir remordimiento o extrañeza o algo diferente, esta vez lo miré con ojos de interés. Se acercó y dejó las flores en la mesa que estaba al borde de la cama. Sus ojos tenían un brillo diferente esta noche o tal vez era la luna llena que brillaba cerca de la ventana. 


“Gracias por estar aquí”- dije a modo de saludo.


Sonrió y no dijo nada, luego de un rato sacó un libro, el de Pablo Neruda, “Los Versos de Capitán” y se sentó en la silla al otro lado de mi cama, comenzó a leer un verso, que pronto supe era el mismo del que había escrito en la tarjeta. Se quedó gran parte de la noche despierto a mi lado, de pronto me asaltó una duda, ¿qué hacía Julián por la vida?, ¿cómo es que él podía venir todas las noches de la semana a cuidarme o a quedarse conmigo?… Viviana estaba en su último año de carrera a sus 24, era de esperarse que tuviera tiempo, pero él tenía mi edad y no parecía afectado por haber trasnochado tres días seguidos, o por estar ahora conmigo… 


Pero no dije nada, lo escuché hablarme de sus cosas, de lo extraño que le parecía que nunca me hubiera visto, pese a que vivíamos a dos cuadras de distancia y de las cosas que le había tocado vivir en su casa desde que había llegado hace casi dos años. Olvidé que le quería preguntar entre una y otra anécdota y finalmente solo quería escucharlo hasta dormir, cerré mis ojos y me deje llevar por sus palabras, sus historias del mundo…

Cuando desperté tenía la sensación de estar volando, lo veía todo y no lo creía, estaba en otro lado, no es la habitación del hospital. Estaba feliz, como si este fuera el mejor lugar del mundo para estar, camine por todos lados y no vi a nadie a mi alrededor, pero igual sonreía, era como si me hubieran llevado al cielo…


Viviana me llamaba desde la distancia y su cara de preocupación fue lo primero que vi. La enfermera está en la habitación y me habían tratado de despertar hacía horas, pero no lo habían conseguido, según ella estaba tan profundamente dormida que parecía muerta. 


“¿Dónde está Julián?”- pregunté mientras que Viviana se sentaba en la cama. 


Luego de que le contara que él había estado la noche anterior, mi hermana se tranquilizó, al principio creía que era sólo producto de mi imaginación y la enfermera obviamente le corroboro que Julián había sido quien me había ayudado a llegar al hospital y que de algún modo le debía la vida a ese buen muchacho…


Esa frase me hizo pensar, de algún modo le debo la vida… 


El kinesiólogo revisó mi pierna y determinó que el alta sería hasta el lunes de la semana siguiente, porque aunque pudiera dejarme partir antes, tenía que cerciorarse que la cicatriz cerrara bien, y de que pudiera hacer las cosas más básicas sola en mi casa, como ir al baño apoyada en un bastón o algo. La perspectiva de quedarse una semana más hospitalizada no era agradable, pero el médico tenía razón, si me daba de alta ahora y algo pasaba, por muy mínimo, tendría que volver a expresar todo de cero y probablemente tendría una fea cicatriz y no una pequeña y casi invisible.


El resto del día fue agradable, pero todo el tiempo estuve pensando en Julián, lo extrañaba, si es que uno puede extrañar a un desconocido. Cuando Viviana se quedó dormida me pregunté si él llegaría y no termine de pensar eso cuando él tocó la puerta, con una gran sonoriza.


Nos quedamos mirándonos y luego de un rato me eché a reír, se sentó junto a mí y se rio del yeso y de la elevación de la pierna, que había decidido el kinesiólogo era la mejor manera de que si movía la pierna no me doliera tanto. Después de otro poco de bromas, firmó mi yeso y me preguntó si quería que él se quedara conmigo… La verdad me habría encantado pero si seguía cambiando mi horario de sueño terminaría despierta durante la noche y durmiendo durante el día… otra vez me dio la sensación de que había algo obvio en la vida de Julián que no sabía… Será que trabaja de noche y si trabaja de noche… ¿en que trabaja? No será traficante… o no un prostituto… lo miré mientras pensaba y no pude evitar poner cara de interrogante…

 

Julián no dijo nada, no me hizo comentario sobre mis caras y tampoco comentó nada de su trabajo. Comenzaba a ser más y más molesto esto de no saber nada realmente de él, la verdad no me interesa enterarme de todos los detalles de alguien de buenas a primeras pero ahora… Ahora quería saberlos, trataba de recordar la casa que me decía estaba viviendo y solo recordaba la casa quemada de esa esquina, tal vez estaba junto a esta, pero lo cierto es que no lograba recordar haberlo visto en la ventana y siempre miro hacia arriba en esa esquina porque hay una viga que parece que se va a caer sobre uno y me da miedo… pero él no estaba en la periferia de mis recuerdos… 


Finalmente había estado en silencio tanto rato que él pareció notar mi incomodidad y dijo algo que no esperaba escuchar, “Soy Vampiro”. Parpadeé tres o cuatro veces, lo miré a los ojos y me eché a reír… 


“Buena broma”


Respondí después de que logré contener el ataque de risa, pero él no se rio, no se inmuto, sólo se quedó mirándome. 


“No deberías ser más blanco para ser vampiro?”


Pregunté después de que él no dijera nada, Julián se sentó hacia atrás y palideció hasta quedar blanco como papel.


“Pero si eres vampiro porque no me ayudaste en la calle, porque no detuviste al automóvil o porque no te afectó mi sangre?”.


Se levantó y pareció flotar en la habitación y dijo: “¿Qué es lo que recuerdas del accidente?…”


¿Qué recuerdo?...mi cabeza dio vueltas un rato y la voz suave de Julián me narró parte de lo que pasó, caminaba con las manos en los bolsillos, tenía un audífono en la oreja, escuchaba algo… 


“Luego cruzaste la calle y viste a alguien volando, así que te quedaste parada en la mitad de la calle, el auto que estaba doblando no te vio, tú me mirabas a mí, yo te decía que habían bellos arreboles, que la tarde terminaba hermosa y que no había nada más que la puesta de sol… fue por mi culpa que te atropellaron, el auto no logró frenar a tiempo, el golpe te lanzó con tanta fuerza que te podría haber matado, trate de evitarte una muerte segura… Pero no conseguí hacerlo bien, te habías enterrado parte del parachoques del auto, y cuando gritaste por ayuda… volví lo más rápido que pude…”


Julián parecía volar por la habitación, luego me dijo algo que me pareció demasiado fantástico “¿Quieres recordar esta conversación…?”


Que si quería recordar… No, la verdad es que no… Pero olvidarla, olvidar que él me había encantado mientras caminaba para que lo olvidara y que por eso me habían lanzado dos metros por el aire… Olvidar… 

“¿Qué saco con olvidar?”- pregunté finalmente.


Pasaba de la media noche y las enfermeras hacían la revisión de los signos vitales de los pacientes más graves, miré por la ventana y sonreí a mi reflejo.


“¿Qué saco con olvidar?”-volví a decir en voz alta.

 

Julián se acercó a mi cama, puso sus manos sobre las mías y me miró a los ojos, esta vez noté que estaba triste y que si hubiera podido habría llorado por él, puse mi mano sobre su rostro frío como mármol y la deje descansar en él… 


“¿Por qué volviste todas las noches?”


La pregunta lo tomó por sorpresa, me pareció que diría algo como por amor, pero en vez dijo, “Porque no soportaba pensar que te había causado daño”


… De que me estaba hablando, el me trajo al hospital, bueno si trato de hacerme olvidar que él volaba, pero él no fue el auto y si me trato de evitar más daño ayudándome a caer ilesa al otro lado de la calle, algo de mérito de daba… 


“Tú no manejabas el auto, no veo cómo me podrías haber provocado daño…”


El guardó silencio y la habitación pareció más grande y más silenciosa cada vez, hasta que le tomé la mano, estaba allí a mi lado, me miraba sin comprender que le perdonara su falta, que insisto no veo que sea tan grave, aunque después de todo lo que pasó tal vez él habría podido devolverme al borde de la calle, claro que para haber hecho eso, debería haber sabido que iba a suceder... En fin, las soluciones son miles, pero la verdad es que el auto me golpeó, mi pierna quedó con un fierro de diecinueve centímetros y tuve que estar en el hospital casi dos semanas. Esos eran los hechos dijera lo de dijera, no había cómo cambiarlos.


Julián me miraba con claro desconcierto, sus ojos reflejaban algo parecido a un sentimiento... ¿Pena?... ¿Alegría?... no lo supe en ese momento, y no quise preguntarle nada, luego de quedarse a mi lado esa noche entendía que tenía un nuevo amigo, uno que me cuidaría de modo incondicional, aunque no tenía porqué y qué haría muchas cosas sólo para que yo estuviera más tranquila. Poco antes del amanecer, salió de mi habitación y mientras que se iba me sonrió contento.


“Gracias por perdonarme”, dijo mientras se iba.

lunes, 4 de febrero de 2013

Tengo vida (P 2)

Parte 2 


Hospital Carlos Van Buren
Hospital Carlos Van Buren

Desperté con el sonido de mi computadora, había un mensaje en la casilla de entrada, era de la persona chica de recursos humanos diciendo que del hospital le había llegado mi licencia médica y que si necesitaba cualquier cosa, no dudara en llamarla.


Después de un rato revisé mi bolso, en mi billetera sólo faltaba mi cédula de identidad y el pase de la oficina, supuse que habían registrado mis cosas y por eso dieron con mi empresa, o algo así. Por la ventana de la habitación podía ver el sol, la vista desde la ventana del hospital mostraba la ciudad, las casas de colores que parecen colgar de los cerros, pasaban de las 4 de la tarde y aunque no llevaba más de dos horas despierta tenía sueño así que cerré los ojos, pero no logré conciliar el sueño, la enfermera llegó con la cena y me informó que la cena sería liviana porque probablemente durante la tarde vendría el medico a evaluar si era o no recomendable volver a operar…

¿Volver a operar?… ¿Cuándo me operaron?... revisé mi pierna un poco alterada y la enfermera llamó a la doctora, mientras yo trataba de sacar las vendas de mi pierna y revisarla, porque si ingresé ayer… ¿Cuándo me operaron?...

La doctora tomó mis manos y me miró a los ojos: “¿Sabes qué día es hoy?”, yo respondí “Miércoles", luego me miró y dijo: “No, han pasado dos días desde que tuviste tu accidente”. 

Dos días… ¿dos días?… ¡dos días! ¿Cuánto tiempo he estado durmiendo?... ¿cómo es posible que no recuerde los últimos dos días?...

Luego de un momento, la enfermera salió de mi habitación, la doctora que ahora sabía que se llamaba Nélida, me explico que primero había caído inconsciente, luego me llevaron al quirófano donde vieron cómo remover el trozo de fierro, se toparon con muchos inconvenientes como que el hueso estaba astillado en varios puntos, y que el fragmento contenía una arteria, luego de conectar la arteria y de sacar las astillas habían debido rearmar parte del músculo y para cuando la operación concluyó, por causa de la anestesia y del trauma dormí casi un día entero. 

Aún faltaban detalles, sobre todo estéticos, pero si se llevaban a cabo ahora, era probable que se pudieran cobrar al seguro del trabajo, que cubría la operación por accidente de trayecto, yo salía del trabajo rumbo a casa y me accidenté, así que estaba contemplado y yo no debería desembolsar cerca de dos millones de pesos en operación, estadía y otros. 

Miré al techo, quería escapar de esa sala, sentía mi cabeza dar vueltas y no tenía ganas de escuchar nada más, la doctora no tomó en cuenta mi estado se limitó a mirarme y a decir que tenía suerte, porque estaba acompañada Julián había estado todas las noches junto a mí. 

¿Quién era Julián?… O sea, además de ser la única persona que me prestó ayuda la noche del accidente, ¿Quién era?, ¿Por qué venía todos los días?, ¿Qué esperaba de ayudarme? Nunca me han gustado las cosas demasiado simples, fáciles o los favores demasiado caros, siempre se revierten y nunca sabes cuándo será.

La doctora, me dejó con mis pensamientos, no quise decirle que al tipo que ella consideraba mi mejor amigo o quizá mi pololo, era en realidad un desconocido y tampoco quise saber que tan graves o mal estaban las cosas con mi pierna, si tenían que operarme por algo estético, lo mejor es que lo hicieran y que se solucionara.

El cirujano llegó casi media hora más tarde, sacó las vendas y revisó todo, no quise mirar al principio pero él me preguntó detalles y estos me obligaron a verle la cara, así que inevitablemente miré mi pierna, el tajo era de arriba abajo del muslo, la cicatriz no se podría disimular ni con maquillaje y al parecer había un lóbulo o algo había quedado mal unido. 

El médico hizo más preguntas, que respondí con la mayor claridad y finalmente me dijo algo así como “No te preocupes, haré que esta pierna se vea lo más parecida a la otra posible, y la cicatriz será realmente pequeña”. La verdad es que a mí me daba lo mismo, lo que me impresionaba era ver cómo estaba la pierna, inflamada, un moretón gigante y un corte que parecía más un machetazo, antes que el corte de un médico con bisturí. Pasaría tal vez media hora más y la enfermera me informa que la operación sería esa tarde del día siguiente y que me prepararía primero, mientras que me explicaba lo que sucedería en pre y post operatorio, me ayudaron a lavarme la cara y hacer mis necesidades, aunque debo admitir que no me simpatizo mucho el tema de sentarme en una chata sobre la cama y hacerlas. 

Cuando estaba lista, según la enfermera, llegó Julián. Mirar a los ojos a un desconocido es simple, pero mirar a los ojos a alguien que te ayudó a sobrevivir un accidente, es realmente extraño. Sus ojos mostraban un intenso color verde y su voz una calma que impresionaba. Me miró y pidió permiso para entrar, luego me contó que había visto todo desde el balcón de su casa, que no había alcanzado a la persona que me había atropellado, pero que le hubiera gustado. Se sentó junto a mi cama y habló de cosas triviales, la noticia de mi accidente había salido en los diarios y la prensa estaba interesada en mi versión, la policía buscaba al conductor y dos o tres reporteros lo habían entrevistado desde la primera noche.


“Esto es irreal”-dije en voz alta. 


El me miró sorprendido, luego de explicarle que me parecía completamente irreal el accidente, su aparición y estar en esa cama de hospital no tenía ningún sentido para mí, entendí que estaba siendo grosera, porque Julián no tenía la culpa de mi desconcierto frente a todo lo que ocurría, incluso me pregunté si era normal no cree que lo que vivía era real. 


Trate de contener las lágrimas, pero no pude y en vez de pedir disculpas, él se disculpó conmigo, mirándome a los ojos y acercándose a mi cama, se apoyó en el borde y dijo algo así como: 


“Entiendo, has pasado por un gran trauma y de pronto alguien que no conoces sale en los medios defendiéndote y hablando de ti como si fuera un viejo amigo, es raro… además en unas horas más vas a entrar a otra cirugía y no tienes idea de quién es la persona que tienes al frente… o que va a pasar…”


Quedé muda, no era exactamente lo que pensaba, más se acercaba bastante. Traté de dejar de llorar, pero la verdad es que no pude. Mis lágrimas silenciosas dejaban su pañuelo mojado y sin siquiera exigir que me calmara, se quedó a mi lado en silencio. En algún punto me eché hacia atrás, y pegue un grito porque moví la pierna, la enfermera entró corriendo, Julián se levantó del asiento y una pequeña conmoción acompañó a todos los que me rodeaban que al ver que yo lloraba se desesperaban mirando para todos lados y buscando como calmarme.


Finalmente logré hablar y explicar que estaba bien, pero que tenía pena, la enfermera se tranquilizó, Julián se volvió a sentar en la silla junto a mi cama y todos se relajaron un poco. Mientras las lágrimas caían en silencio, una persona completamente desconocida me tomó una foto. No supe porque no dije nada a nadie, pero al día siguiente esa foto estaría en primera plana, acusando el dolor que vivía la chica accidentada ahora que estaba consciente. 


Pero mejor no adelanto las cosas, después de un largo rato Julián me preguntó si quería comer o tomar algo especial y la enfermera le explicó que no podría darme nada por la operación, el médico apareció unos minutos más tarde y al ver la atmósfera de mi habitación, decidió adelantar el procedimiento.


“¿Estás en ayunas de 4 horas?- la enfermera asintió con la cabeza- Saldrás de todo esto pronto y sólo te quedarán algunos rasguños por sanar, lo prometo”, dijo el médico para darme ánimo.


Salí de la operación cerca de las dos de la mañana, estaba semiconsciente cuando me devolvieron a mi habitación y vi a Julián sentado junto a mi cama. Me pregunté porque nadie había llamado a mi madre o a mi padre, tal vez a mi hermana, pero luego recordé que nadie sabía que podrían hacerlo. La noche fue larga, Julián se quedó despierto junto a mí, le conté de mis padres, de mi hermana, de mi trabajo, de mi vida en general y todo me empezó a parecer más real, más simple, menos doloroso.

A la mañana siguiente una enfermera me preguntó si conocía a mis padres… 

¿Quién hace esa pregunta?… 

En fin, luego de aclararle el tema, los dejaron entrar. 


Mi madre me miró y sólo me abrazó, mi padre me tomó de la mano y se sentó a mi lado. Hablamos por horas, de todo tipo de cosas, ellos habían escuchado la noticia, pero nunca se habrían imaginado que era yo, los detalles de las noticias eran “escabrosos”, según la explicación de mi padre, llevaban el diario y vi la foto del día anterior. No fue mi aspecto, ni mis lágrimas lo que me molesto de verme en primera página, fue que nadie me preguntó si estaba de acuerdo en que se publicará. Papá se encargaría de hablar con la prensa de ahora en adelante, él se encargaría del periódico en cuestión y de hacer los arreglos para mi salida del hospital en dos días más sin prensa.

El día fue bueno, me sentía más segura con mi gente, con mi madre. La enfermera les explicó a mis padres la política de una sola persona por la noche, el sillón que estaba junto a la cama se podía transformar en cama, así que si deseaban, se podría quedar uno allí. Cuando la enfermera nos dejó solos, decidí pedirle a mi madre que se quedara conmigo esa noche. Julián llegó al anochecer y después de ver que todo estaba bien, nos dejó a solas. Fue extraño cuando salió por la puerta, por un lado me alegraba verlo, pero por otro no lo necesitaba allí, así que estaba bien que se fuera, pero algo me decía que ahora sí estaba dolido.